Cada mañana se despierta pensando en su reloj, ve la luz del día y se desespera por saber qué hora es. He pasado mucho tiempo observando a esa loca, seguramente si tiene algo de razonamiento lógico, pensara que yo soy algún científico, o en su defecto algún filosofo que se muere por descifrar el porqué de su conducta. Es paranoica, sí, pero por el tiempo, ella siente que los segundos la siguen y le pertenecen a medida que respira, pero así mismo se aterroriza que algún día, cuando sus pulmones se queden sin oxígeno se quede sin vida, y el tiempo se le terminara por escapar. Recuerdo el diagnostico que hizo un literato. El curioso que investigaba antes que yo. El en su obra,- magnifica por cierto-, describía que la señora, tal como le pasaba a él, sufría de un problema psicológico. A uno le gustaba acumular páginas escritos por su autoría, a la otra le gustaba coleccionar el tiempo. La coleccionista del tiempo le llamo. Y el éxito rotundo de su libro hizo que todo el mundo, desde gente chismosa del común, hasta los doctores que la atendían, la conocieran por este nombre. Siempre, desde que lo escuche por primera vez, he pensado que ese nombre es muy bonito, en especial por el contraste que marca, pues la señora,-Según la gente que la conoce-, de unos cuarenta años, es terriblemente fea, su nariz es inmensa y parece sacada de los cuentos de brujas más terroríficos de la historia, era media clava como la diosa griega de la oportunidad, todo porque cuando la dormían con farmacéuticos por dos días seguidos, ella se despertaba con un enojo exuberante, manifestando su desprecio con el mundo al haberse perdido el sol que alumbra en la mañana en medio de las ventanas, de los jardines, de las paredes blancas y de las recién lavadas sabanas azules colgadas en la terraza de la mansión. Debo aclarar que no era un manicomio. La coleccionista estaba internada en un centro de estudio existencial. Allí estaba en observación durante todas las horas que componen el día, en los ochenta y cuatro mil cuatrocientos segundos de las veinticuatro horas, por los mejores académicos del mundo, de todas las disciplinas. Habían filósofos,matemáticos,periodistas,psicólogos,físicos,químicos,literarios,biólogos, y de más eruditos de la complejidad. Lo mejor de lo mejor de la sabiduría y el conocimiento mundial. Recuerdo el día que de la coleccionista fea del tiempo, me enamore...Es probable que la curiosidad que la fea causo en mí, mato todo sentimiento de repulsión, hasta que caí en su locura. Estoy cien por ciento seguro que no era el único, sé que cada uno de los intelectuales que allí la investigaban se dejaban cautivar. Todo aquel que dedica su vida a resolver los misterios del mundo llega a un momento en que la profundidad de la investigación acaba con el. Ellos no se enamoran simplemente de lo que ven, ellos se enamoran de lo que no conocen, ellos están locos. Ellos, son como yo. Hoy sigo observándola con muchas ganas de saber los "porqués", pero también con ganas de seguir amándola una vez lo descubra todo. Y me da miedo, me da mucho miedo, que cuando descubra el laberinto de esta ecuación, deje de amarla, porque ¿Quien mas lo hará? La quiero tanto que no soportaría que no haya alguien que la desee como yo lo hago en este momento. Tal vez por eso ese literario se alejó por completo de ella. Por eso es que hoy no escribe. Tal vez piensa lo mismo que yo. Tal vez es mejor nunca saber la verdad.
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